Por:Juan B. Gomez

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Anoche asistí a ver la obra “La llave Marylin” con la artista argentina Susana Yasán, en la Universidad de Chiriquí.

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Fue indudablemente un espectáculo extraordinario, no recuerdo haber visto nunca algo parecido en Panamá.  La actriz nos trasladó con su interpretación al mundo atormentado de una mujer que se revolvía con sus propios pensamientos antes de tomar la decisión fatal.
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Nos parecía ver lo que debía ser la última noche de Marylin Monroe y Virginia Wolf, las grandes suicidas de la historia.

Nos parecía ver, también a los grandes psiquiatras Sigmund Freud y Carl Jung, anotando las historias de la pobre mujer… Para acercarnos a sus incoherencias, de pronto nos decía que ella era la novia de Mano de Piedra Durán y que vivía en Curundú.
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Susana Yasán vino ayer aquí y nos invito a verla sobre las tablas. Y se los digo: allá era otra mujer.  Allá estaba metida en el alma de una loca, sin remedio, en su profunda soledad, frente a su teléfono, mudo, al que no la llamaba nadie, ni tenía a quien llamar.

Tal vez pase mucho tiempo para que volvamos a ver por aquí a una actriz como Susana Yasán.  No la olvidaremos nunca.

Les hablo, como hablaban en el siglo pasado, los que alguna vez vieron las tablas a la enorme actriz francesa Sara Bernardt y a la española María Guerrero.  Grande, inmensa, Susana Yasán.




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