Dr. Ricaurte Arrocha-Adames. Cardiólogo
Coalición Panameña Antitabaquismo

Sin lugar a dudas, la responsabilidad primaria del cuidado de la Salud de todos los panameños, la misma que aparece señalada como un precepto constitucional, recae en el Ministerio de Salud. La prevención de las enfermedades requiere, además y ante todo, de docencia. Enseñanza que estamos obligados a realizar todos los padres. Que está obligada a implementar tanto el Ministerio de Educación como el de Salud. Que deben apoyar todos los medios de comunicación, con mensajes de advertencias y orientación que llegue a la mayoría del público por vía radial, escrita y televisada de manera repetitiva. En la ejecución de esta tarea vital, el otro sector importante lo representa el grupo empresarial.

El crecimiento económico que reflejan todos los indicadores y la proyección que ha alcanzado Panamá en el ámbito internacional son muestras más que elocuentes de la capacidad de desempeño de ese grupo en los distintos sectores, privado y público. También lo reflejó, de manera impresionante, la superación de la grave crisis financiera que atravesó la nación cuando el gobierno norteamericano cortó el flujo de caja para presionar la salida del gobierno militar de Noriega. La sagacidad y capacidad de nuestros empresarios y sus economistas brilló al máximo para impedir la quiebra de las finanzas nacionales y lo que se pretendía en ese entonces, la caída del gobierno.

Aceptando estas grandes verdades, resulta a todas luces inconcebible e imperdonable que, en las últimas décadas, cada uno de nuestros gobiernos haya desestimado con frialdad las altas cifras de enfermos y de muertes relacionadas con la adicción al cigarrillo, hechos que reflejan las estadísticas de salud. Más de dos mil muertes anuales equivalen a un terremoto o a un Huracán Katrina, eventos traumáticos con los que la Madre Naturaleza ha evitado golpear a Panamá, gracias a Dios, y Él sabrá por qué razón. Mucho más grave e inverosímil, el que se acepte dócilmente cifras de gastos diez veces superiores a los ingresos que el Estado recibe, en concepto de impuestos irrisorios al cigarrillo, para poder atender todas las enfermedades crónicas relacionadas con el humo del tabaco.

Ha llegado el momento de despertar y subsanar tanta insensatez gubernamental y nacional. El Banco Mundial, tras análisis exhaustivos, concluyó recientemente que el aumento de impuesto al tabaco no solo reduce el consumo del cigarrillo sino que incrementa los ingresos fiscales del Estado, todo lo contrario a lo que en su campaña insidiosa y engañosa proclaman los defensores de la industria del tabaco. Hace una semana, después de casi cuatro años de lucha, se dio al fin un paso positivo, adelante, al incluir la Asamblea Nacional, en su primer debate, la Ley Antitabaco. Ésta, entre otras importantes consideraciones, establece sanciones ejemplares a los que la incumplan. Quedó pendiente el punto crítico del impuesto. La finalidad máxima y vital del aumento que se proclama es disuadir el consumo de cigarrillo en los adolescentes, ingenuas carnes de cañón que son llevados a la adicción envueltos en las flautas mágicas del estar en la onda, ser compañero, alcanzar estatus social y la madurez porque, “de esa manera, se deja atrás la niñez y la autoridad paternal”. Mientras los adolescentes engatusados se hacen adictos y se enferman ellos y a los demás, muchos otros se enriquecen y con cinismo se proyectan como personajes públicos y de éxito empresarial y social.

Panamá espera con ansias que no se siga cerrando los ojos, ni se permanezca insensibles a los males del prójimo. Que no se continúe con la mala administración de la cosa pública al gastar casi 80 millones anuales, pagados por el bolsillo de cada trabajador de nuestro istmo, para atender a quienes la industria enferma mientras el gobierno recibe de ellos la irrisoria suma de 11 millones en concepto de un pequeño impuesto al funesto causal de la adicción y de las enfermedades y muertes. Algo a todas luces ilógico, irracional e inaceptable. En buen panameño, una verdadera ñamería.
Al señor Presidente y al partido en funciones de gobierno le cabe la histórica responsabilidad de cambiar este vergonzoso y penoso panorama.

Ánimo señor Presidente. La historia y el 70% de los panameños no fumadores, así como todos los que sí sabemos hacer uso de nuestra razón, estamos con usted. No dude. Dios y la Patria se lo premiarán.




    La emisora de Chiriqui