GRANADA: EL RESURGIR DE LAS CENIZAS…
Abril 16, 2010
Milagros Sánchez Pinzón (Semanario Culturama, mspinzon@gmail.com)
Para quienes les atrae la arquitectura colonial, con ligeros toques neoclásicos: edificios con paredes de adobe y techo de tejas, tragaluces, patios interiores, ventanas y puertas dobles de madera… una visita a Granada, Nicaragua, resultará placentera. Y es que este sitio, habitado inicialmente por indígenas chorotegas, fue colonizado por los hispanos al mando de Francisco Hernández de Córdoba, en 1524; desde entonces adquirió importancia comercial y política al desempeñar una estratégica función portuaria a orillas del inmenso Lago Cocibolca o Nicaragua.
León, la ciudad gemela que competía con Granada, fue destruida en 1610 por un terremoto causado por la erupción del volcán Momotombo y esto permitió que Granada ejerciera un papel más hegemónico en la tierra de los volcanes y los lagos, además porque crecían sus plantaciones de tabaco y cacao, así como sus haciendas de ganado vacuno y mular.
Cartagena, Guatemala, El Salvador, Panamá y Perú comerciaban con la Granada colonial. Durante este periodo, el incesante movimiento por la ruta del Gran Lago y del río San Juan, y las rivalidades entre el reino de España con Inglaterra, Holanda y Francia, hicieron de Granada una víctima de los ataques de piratas que devastaron la ciudad. Pero quizás uno de los sucesos históricos más imborrables acaecidos en esta urbe fue el episodio de William Walker (1824-1860), el filibustero.
Walker, un médico, soldado y aventurero estadounidense, fue contratado durante la guerra civil nicaragüense (que estalló en 1854) por la facción demócrata de León para combatir a los legitimistas de Granada.
****El “gringo” reunió a un grupo de mercenarios y con ellos arribó a Nicaragua. Se tomó la metrópoli portuaria y ordenó a su lugarteniente Charles Henningsen que la incendiara. El fuego comenzó el 22 de noviembre de 1856 y consumió tanto las chozas de paja como las residencias de adobe, iglesias y conventos (como el de San Francisco, donde residió fray Bartolomé de las Casas, actualmente convertido en museo).
***Los hombres de Walker, vestidos de curas, cargaron en procesión burlesca un ataúd con el título “Aquí fue Granada”. Pero el filibustero, autoproclamado presidente de Nicaragua de 1856 a 1857, cayó derrotado por las fuerzas combinadas de Centroamérica y ejecutado en Honduras en 1860. Mas Granada resurgió de las cenizas -como el ave fénix- y aunque perdió su hegemonía política, al inicio del siglo XX era considerada la ciudad más rica del país. En las últimas décadas, su gente se dedicó a restaurar el centro histórico para devolverle su carácter y personalidad colonial.
Hoy, hermosas residencias, hoteles, restaurantes, cafés, hostales, parques, museos e iglesias son el atractivo para miles de turistas de todas partes del mundo. La Calzada, un boulevard con decenas de ofertas culinarias y musicales que comunica el área del Parque Central y la Catedral con las inmediaciones del Lago Nicaragua, hierve cada noche con el bullicio de personas de las más diversas lenguas, algunas de los cuales sonríen con el paso de la tradicional Giganta (una muñeca de casi dos metros movida por un chaval al son de un tambor redoblante). Y, como valor agregado -inmaterial pero no por ello intrascendente- la profunda vocación de servicio que manifiestan los lugareños cuando tratan a connacionales y foráneos.
***Si decide darse una vuelta por las tierras mesoamericanas, no deje de visitar a Granada, un verdadero sitio de patrimonio histórico y cultural de Nicaragua.
Residencia más antigua de Granada, donde residió el filibusterio William Walker.
A la sombra de los volcanes…
Abril 10, 2010
Milagros Sánchez Pinzón (Semanario educativo Culturama. mspinzon@gmail.com)
La Semana Santa nos permitió escaparnos unos días por la tierra mesoamericana de las aguas y los volcanes: Nicaragua, país cuyo Lago Cocibolca es más extenso que Chiriquí, al poseer 8,624 kilómetros cuadrados de superficie.
Apasionados como somos del fuego que brota de las entrañas terráqueas, nos sumamos en una gira por el volcán Masaya cuyos dos de sus cinco cráteres se encuentran en actividad y emanan diariamente toneladas de gases a la atmósfera.
Estratos de cenizas con sus diferentes tonalidades resultaban impresionantes y, al caer la noche, decenas de visitantes de ese Parque Nacional estábamos a la espera de contemplar la lava ardiente moverse a 200 metros más abajo, pero la fuerte intensidad de los vapores impidió disfrutar del espectáculo pese a la hermosa luna llena que alumbraba al Masaya. Nos reconfortó el recorrido por la cueva de Los Murciélagos, paisaje también esculpido por los torrentes lávicos del pasado.
Ascender al volcán Mombacho (1,345 m.) se convirtió en otra experiencia singular, especialmente por las fumarolas que se escapan por sus laderas. Era la primera vez que observábamos esos respiraderos volcánicos, mezcla de gases y vapores a elevadas temperaturas. Desde la cima de esta mole ígnea es espectacular la panorámica de la colonial ciudad de Granada (fundada en 1524) y de las 365 isletas posadas en el Cocibolca, por algo le dicen las “hijas del Mombacho”.
Pero lo más extraordinario de la patria de Rubén Darío y de Sandino fue el recorrido por Ometepe, la isla volcánica más grande del mundo de las situadas en el interior de un lago, considerada además una de las maravillas naturales del Planeta. Un cómodo ferry nos trasladó del puerto de San Jorge, en Rivas, hasta la isla que en lengua nahuatl significa: “dos montañas” y es que el volcán Concepción de 1,610 metros la escolta por el norte y, al sur, a menos de 20 kilómetros, se levanta el volcán Maderas de 1,394 metros.
****El Concepción hizo explosión hace menos de un mes, el 19 de marzo de 2010, y es el cono volcánico más perfecto del país. Sus laderas y cumbres, agrestes y desnudas, denotan el reciente paso de la lava. Detenerse frente a él produce una inquietante sensación: es ver como la fuerza de la naturaleza determina las características de un terreno sobre el cual el hombre tendrá que forjar un derrotero, sin olvidar que, en cualquier momento, puede entrar en escena la violenta e incontrolable furia del dios Vulcano.
LA SOLEDAD DE HORNITO…
Marzo 1, 2010
Por: Melva Miranda (Movimiento Federalista de Panamá)
Hornito, con una población de 1,251 habitantes (según censo 2000), es el segundo corregimiento más poblado del distrito de Gualaca, con una riqueza hídrica sin comparación en el país. En una de sus comunidades se construyó hace más de 25 años, la hidroeléctrica más grande de Chiriquí, en Fortuna. Como ironía a su nombre, este pueblo -de donde se extrae el agua para la Represa no ha tenido la “fortuna” de que le pongan energía eléctrica para alumbrar sus hogares. Y como dice doña Arcenia Samudio “vivimos a oscuritas y cuando nos enfermamos nos tienen que sacar en hamacas…” porque su camino de acceso es un verdadero calvario.
Soledad, otra de sus comunidades y que tuvimos la oportunidad de conocer este domingo 28 de febrero de 2010, es una región de belleza incomparable y de gente buena y trabajadora. “Que sola se ha quedado la Soledad, olvidada por los gobernantes de este país”, nos dicen sus pobladores. Llevan toda una vida soñando con mejores caminos, con los puentes prometidos y nunca realizados y sin energía eléctrica.
Esta comunidad tiene como límite natural al río Chiriquí, que divide a Boquete de Gualaca y, a su costado, se ubica la recién construida Hidroeléctrica Los Algarrobos. La ruta tradicional para acceder a ella es entrando por el corregimiento de Caldera, donde los vehículos pueden llegar hasta el límite del río. Igualmente se puede llegar por Fortuna, pero sólo a pie o a caballo.
Desde 1994 se empezó a construir un anhelado puente colgante vehicular a la altura del río Chiriquí en el paso que conduce a Soledad. Desde ese año, tres gobiernos han pasado y a cuenta gotas se le ha ido llevando materiales para la construcción del puente. Hasta 2007 se terminó de llevar todo el material. Desde este año a la fecha, han pasado tres años y no se ha armado el puente. Funcionarios del MOP les aseguraron en su momento, que de contar con todo el material a la orilla del río, les tomaría probablemente un mes construirlo.
La comunidad, haciendo ingentes esfuerzos, visita las lejanas oficinas del MOP en David donde le prometen que llegarán para concluir el trabajo y nunca llegan. Las pocas veces que en esos años han llegado, lo único que coordinan es lo relativo a un llamado bono de 100 dólares, para el almuerzo que la comunidad les debe ofrecer al personal prometido y varias han sido las veces que llegan, se comen los almuerzos y se van y el pueblo continúa esperando que terminen el puente.
Actualmente, un funcionario que representa al diputado del área, les promete la carretera que tienen proyectada desde Fortuna hasta Quebrada El Frito y Soledad y de aquí hasta el paso colgante sobre el río Chiriquí. Amanecerá y veremos. La gente ya está cansada de promesas.
Cuentan que tienen veinte años desde que le prometieron el zarzo sobre la Quebrada Nancito (desde los tiempos de Otilio Miranda). El material para este puente se llevó completito y nos dicen que está guardado en un sitio muy cerca del lugar, durmiendo el sueño eterno, porque ningún director de obras públicas le ha interesado concluir de una vez por todas el bendito puente. La explicación nos la dan: es una ruta que mayormente queda en el distrito de Boquete, siendo competencia del corregimiento de Caldera, pero como no está poblada, no supone votos para los representantes, por eso no arreglan el camino; pero la tienen que utilizar los habitantes de Soledad, no por ser la mejor vía, sino por ser más corta y menos dura que si tuvieran que salir por Fortuna y de aquí a la vía que conduce a Bocas del Toro y luego a Gualaca o a David.
El proyecto de conexión eléctrica para Soledad, que ya lleva dos estudios, se han triplicado sus costos: al final, se utilizan los dineros del pueblo para pagar tales estudios, y al final no se sabe si el Programa de electrificación rural, si el FIS, si el Gobierno, si el PRODEC o si la Diputación lograrán hacer realidad esta otra aspiración de este pueblo.
Fortuna, Soledad y todos los pueblos de Gualaca deben y merecen gozar de los beneficios elementales del siglo XXI para desarrollarse: energía eléctrica y caminos asfaltados para que sus ciudadanos puedan tener aunque sea una mediana calidad de vida. ¡Hasta cuándo esperarán por esas promesas!ç
De mochilera por Península de Osa…
Febrero 26, 2010
Por: Milagros Sánchez Pinzón (Semanario Culturama. mspinzon@gmail.com)
Los días del Carnaval 2010 nos sirvieron para colgarnos una mochila y dirigirnos hacia la península de Osa, conocida como la última frontera salvaje de la vecina Costa Rica. Nos habían comentado que en Puerto Jiménez las guacamayas rojas (Ara macao), esas hermosas aves de plumaje multicolor que alcanzan hasta 96 centímetros de largo, llegaban hasta los restaurantes y casi departían con los comensales.
Pensando en contemplar en libertad a estos pericos gigantes, casi extintos en nuestro Istmo, tomamos un autobús en Paso Canoas (en la frontera entre Panamá y Costa Rica) que nos trasladó a Golfito y ahí nos embarcamos por el Golfo Dulce -durante treinta minutos- hasta alcanzar Puerto Jiménez.
Jiménez, con unos 8,000 habitantes, está enclavado en la costa oriental de Osa. Muchos de sus primeros pobladores eran chiricanos que buscaban expandir sus labores de pastoreo. Luego de muchos años de ser un territorio dedicado a la ganadería intensiva, los habitantes de este lugar decidieron convertirlo en una zona netamente turística; dejaron que el bosque se restableciera y que los animales silvestres pulularan libremente al punto que estos se atreven a permanecer muy cerca de los humanos. Por ello, todas las actividades económicas actuales giran en torno al ecoturismo (snorkel, pesca deportiva, buceo, senderismo, montañismo, rafting, cannoping). Diariamente surcan el cielo del Puerto las avionetas que llevan y traen extranjeros deseosos de disfrutar de los paisajes costeros y de las montañas, tan cerca uno del otro.
***Los vecinos costarricenses son muy diferentes a nosotros. Tienen un acendrado espíritu de conservación por su entorno natural porque saben que de él pueden extraer enormes beneficios. Sus playas están limpias y protegen tanto a la fauna vernacular que cuatro clases de monos se aprecian en el área, especialmente en Cabo Matapalo, en el extremo más meridional de la península. Cuando usted llega a este sitio y se baja del vehículo que sirve de autobús (a propósito muy rudimentario) un concierto de grillos, cigarras y monos le dan la bienvenida. Los traviesos primates saltan a pocos metros por encima de la cabeza de los viajeros. Es impresionante como se yergue la vegetación, con sus verdes contrastantes, a pocos metros de las playas.
***El contacto con la naturaleza fue tan fuerte en nuestro periplo por Osa que la última noche, en el hostal Bolita, dormimos en una tienda de campaña a menos de 40 metros de una inmensa serpiente terciopelo. Ronny, el canadiense propietario del hospedaje, la descubrió muy cerca de un estanque de agua donde el reptil se abastece de ranas y sapos y le participó de ello a la decena de exploradores que acampábamos (había franceses, ingleses y estadounidenses), no para infundir temor sino para que contempláramos tan exuberante ejemplar del mundo de los ofidios. Al caer la noche la oscuridad era absoluta, solo el ruido de los animales nocturnos cortaba el silencio.
En Bolita, a unos cuarenta y cinco minutos a pie del pequeño caserío de Dos Brazos del Río Tigre, ascendiendo por un enmarañado bosque donde la alta humedad relativa hace sudar copiosamente, hay excelentes senderos con demarcaciones de las rutas por las cascadas y las mejores panorámicas. Desde uno de estos puntos se divisa el volcán Barú, la geoformación más representativa de los chiricanos.
Durante los cuatro días en Osa contemplamos entre los almendros (parece que el fruto de este árbol es el preferido por ellas) a casi una veintena de lapas, como le llaman los ticos a las guacamayas. Eran escandalosas, se oían a varios metros de distancia y se confundían con las hojas anaranjadas de la floresta. No le tienen temor a la cercanía de la gente. Andan y vuelan siempre de dos en dos y pese a su fragilidad son, indiscutiblemente, el potente imán que atrae a miles personas de todo el mundo por los rincones de Puerto Jiménez.
Más allá del arco iris…
Febrero 13, 2010
Por: Milagros Sánchez Pinzón (mspinzon@gmail.com)
Oscar Alberto Sandberg, un inmigrante sueco que arribó a las fértiles tierras boqueteñas en las primeras décadas del siglo XX, le dejó como legado a su hijo Alberto una vasta propiedad en las faldas y en la cúspide de la Piedra de Lino.
****En esos suelos Sandberg cultivó no solo el tradicional café de altura sino las Washington navel orange (las naranjas injertadas) y con ello se convirtió en el pionero de la comercialización de estos cítricos en el país.
****La Piedra de Lino es una especie de atalaya rocosa que se yergue al norte de Bajo Boquete y consigue una altitud de 1,590 metros sobre el nivel del mar. Remontarse hasta su cúspide implica superar los 600 metros, desde la finca La Pandura, en Alto Lino.
Aquella no es una formación volcánica ordinaria, aunque parte de sus laderas están cubiertas por cafetales, los actuales propietarios de la inmensa geoformación aun conservan gran parte del bosque. Abundan higas, higuerones, ratón blanco, cenizos, matahombros, guayabos de montaña, pelahombros, ciguas pelusa, roblitos, entre algunas de las especies arbóreas.
Cuando se arriba a la cima de esta Piedra, si no está cayendo el pertinaz bajareque, se contemplan las mejores panorámicas de la zona. Se divisan casi todos los sitios poblados: Palo Alto, Alto Quiel, Los Ladrillos, El Salto, Alto Boquete, Los Jaramillos, El Santuario.
Parados desde la masa rocosa que corona la cúspide, el zigzagueante río Caldera asoma como un hilillo de agua, mientras que el volcán Barú parece alcanzarse con las manos. Pero lo más impresionante de todo es avistar los arco iris formados por debajo de uno; se pueden ver ambos extremos de este hermoso fenómeno meteorológico de naturaleza óptica.
Aunque se requieren pocas horas para realizar la travesía por la Piedra de Lino, muchos boqueteños todavía no la han emprendido, pese a que se trata de uno de los elementos más representativos y simbólicos de esta pródiga tierra.
